¿Qué he aprendido (II)?

¿Qué he aprendido (II)?

Lo prometido es deuda, y aquí estoy de nuevo dando continuidad a la entrada anterior, sobre las cosas que he aprendido durante estos últimos años:

6.- Todo lo que hacemos genera un impacto.

Este es un tema que ayuda a despertar la responsabilidad personal y tiene que ver con el concepto de sistema. Lo explicaré: un sistema es un conjunto de elementos relacionados entre sí, a través de vínculos más o menos evidentes, de manera que cualquier movimiento o alteración de uno de ellos provoca una alteración en el conjunto. Traduciendo ésto a lo del impacto al que me refería al principio, podría decir algo así como que todo lo que hacemos, nuestros comportamientos, nuestras acciones y omisiones, son movimientos, y queramos o no, seamos o no conscientes, van a impactar en los “sistemas” en los que nos movemos (familia, amigos, trabajo…), para bien o para mal. La neutralidad aquí, tal y como yo lo percibo, es una falacia, porque creo que no existe el “no impacto”.

Si estamos de acuerdo con esto, también lo estaremos en que la integración del concepto de sistema en las relaciones, provoca un despertar de la responsabilidad personal, en el sentido de que antes de actuar, o dicho en terminología sistémica, antes de realizar un movimiento en mi sistema, podré evaluar las consecuencias que puede tener y en función de eso, adaptar, modificar o mantener la idea que llevaba en mente realizar.

Al hilo de esto último me ha venido a la cabeza una reflexión de Viktor Frankl (El hombre en busca de sentido) que me parece magistral: entre el estímulo y la respuesta, siempre hay un espacio para decidir qué hacer, para examinar cómo voy a comportarme con lo que estoy viviendo. La calidad y cantidad de ese espacio marca la diferencia entre ser un autómata (que me dejo llevar por el estímulo, reaccionando en una especie de secuestro conductual), y ser libre y responsable (tomo conciencia de lo que hay, de cómo me afecta, y decido qué es lo más adecuado, respondiendo en lugar de reaccionando). Ya sé que esto es tela marinera…, pero creo que para poder llevarlo a cabo, el primer paso, es ponerle nombre y ser consciente de ello.

7.- Descubrir tu para qué.

En este contexto profesional en el que yo me desenvuelvo, el objetivo es al coaching, como el martillo al carpintero. Vamos, que el objetivo es uno de los pilares fundamentales con los que se trabaja. Sin la parte de identificación y diseño de objetivos, el coaching no tendría sentido. Pero creo que “endiosar” el objetivo sin dar un paso más, es quedarnos a medias. Detrás de cada objetivo, hay una motivación, un “para qué” más grande que acuna y sostiene el objetivo que va a ser trabajado. Podríamos llamarle el “metaobjetivo”.

Pues bien, he aprendido que ese metaobjetivo, es el lugar al que he de llegar para conectar con lo realmente importante, con lo que tiene peso para mí. Descifrar ese para qué, ha sido clave para seguir caminando en pos de mi paraíso soñado, aunque el trayecto no sea fácil. Una estrategia sencilla que a mí me ayuda a tener claridad en este tema, consiste en identificar tu objetivo (si es con la ayuda de un profesional mejor), y preguntarte ¿para qué quiero esto?, y con la información obtenida de la respuesta, volver a cuestionarte nuevamente ¿para qué lo quiero?, hasta llegar a un bucle del que no obtengo más información. Lo que va emergiendo como consecuencia de cada cuestionamiento, siempre que haya sido resultado de un proceso de honestidad con uno mismo, es canela en rama. Y a partir de ahí, te das cuenta de que el objetivo se convierte en una especie de ruta que te permite acceder a esos lugares sagrados.

8.- La importancia de tirarse a la piscina.

Una de las cosas que más me inquietaban antes de decidir dar un giro a mi proyecto profesional tenía que ver con una especie de visión de futuro acerca de mí mismo. En esa visualización, me veía con 65 años y una reflexión martilleaba de manera recurrente ese escenario. Se trataba de una conversación conmigo mismo en la que me decía: “Borja, ahora que ya has finalizado tu etapa profesional y has llegado hasta aquí, mira hacia atrás, y observa todo lo que has construido con tu trabajo, con tu esfuerzo, con tu tiempo, con tu energía… ¿estás orgulloso de tu contribución? Y zassss! La respuesta que obtenía era un NO rotundo, y eso era para mí como una bofetada, como un misil a la línea de flotación de mi sistema de valores que me zarandeaba hasta el punto de tener que mirar para otro lado y desconectar para no sufrir.

Esa visión me dio claridad para poder tomar decisiones, y si algo aprendí es que no se pueden tomar decisiones pretendiendo tener todo controlado. Es imposible. Hace falta arrojo para tirarse a la piscina. Como cuando hay alguien que ya está en la piscina y tú le preguntas ¿está fría? y el otro te dice, “tírate que está calentita”, y te tiras y está congelada, y en lugar de salir pitando, te quedas, te pones a nadar y buceas, empiezas a disfrutar y al momento, la sensación que tienes en el cuerpo es alucianante, ese fresquito que se ha metido por todos los poros de tu piel que te ha ayudado a despejarte, y a salir como de tu letargo en la cueva calentita en la que nunca ocurre nada.

“Dentro de 20 años estarás más arrepentido de las cosas que no hiciste, que de las que sí hiciste…”

9.- Cada cosa lleva su tiempo.

Muchas veces queremos modificar el ritmo natural de las cosas. Y tiene su lógica, si nos paramos por unos instantes y vemos la velocidad en la que nuestra sociedad está inmersa. La cultura de la inmediatez lo domina prácticamente todo: desde las relaciones personales, hasta la manera de organizar el trabajo. Todo tiene que ser para ayer, hoy ya es tarde. Y en esa inmediatez nos pasamos por el forro los tiempos de maduración que requieren ciertas tareas.

Nos inventamos artificios para llegar ya, obtener resultados, tener claridad, y ni nos planteamos que para llegar a nuestros destinos, primero hay que planificar el viaje, comprar los billetes, iniciar la travesía, recorrer la distancia, hacer alguna parada para tomar algo y descansar un poco… No me puedo teletransportar de Valencia a Granada, ni existen los zapatos rojos de Dorothy del Mago de Oz (aunque molaría, eh?).

Me da la sensación de que hay una vocecilla que está anclada en el inconsciente colectivo que me dice que si no consigo los resultados que tenía en mente de forma instantánea o cuasi instantánea, como que todo lo que estoy haciendo no tiene sentido, y he de recular, y reconducir mis pasos hacia actividades que me den esa satisfacción inmediata, en forma de reconocimiento, resultado, beneficio, etc…

Lo que he aprendido a este respecto es que yo no quiero renunciar a mi manera de hacer las cosas, y en esa manera está el respeto a los tiempos de maduración, la aceptación de que por mucho que corra no voy a llegar antes, y que para hacer un trabajo artesanal hay que invertir, como mínimo, tiempo, esfuerzo y dedicación.

10.- El corazón lo es todo.

Por último también he aprendido que la mejor manera de llegar a mí mismo, a mi yo interior, y desde ahí, a los demás, es poner corazón en lo que hago. Cuando lo hago (que no siempre, que conste), es como que se van quitando esas capas de cebolla en forma de miedos, roles aprendidos, inseguridades… que me ayudan a identificar ese cogollito tierno que dota de autenticidad a todo lo que hago, y se abre como un nuevo estadio en el que las cosas fluyen solas, como si no tuvieras que forzar absolutamente nada, y te das permisos para simplemente dejarte llevar por lo que está sucediendo, sin necesidad de controlar todos los detalles.

Conectar con ese lugar, ese desde donde, es la mejor garantía de ofrecer calidad en todo lo que hago…

Se me han quedado un montón de cosas en el tintero, pero estas son las 10 primeras cosas que me han salido mientras empezaba a escribir, y ese ha sido el criterio que he seguido para incorporarlas en el artículo.

Como siempre, me gusta incorporar un vídeo que ayude o de soporte a la reflexión transcrita, y como de aprendizajes va el asunto de hoy, si tuviera que elegir un vídeo que me ha acompañado durante estos años, y que cada vez que lo veo me interpela y me llegan cosas nuevas, sin duda, sería éste.

Stay hungry, stay foolish…

@borjaruizg

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8 comentarios

  • elena dice:

    29 julio, 2014 a 9:11 pm

    Gran reflexión !!!! Muy grande!!!!!

    • Borja Ruiz dice:

      29 julio, 2014 a 10:27 pm

      Muchas Gracias Elena!

      Un beso,

  • Cristina dice:

    1 agosto, 2014 a 6:26 am

    Me ha encantado, Borja. ¡ Enorme corazón!!! Gracias por mostrarmelo. Un abrazo

  • Nieves dice:

    5 agosto, 2014 a 9:34 pm

    Gracias Borja

  • nieves huertas dice:

    8 agosto, 2014 a 12:18 pm

    Me ha encantado, sabias palabras y reflexiones

  • Joseluis dice:

    11 agosto, 2014 a 10:54 pm

    Hoy leyendo tu 2°parte del artículo. .he encontrado un faro (alma) que me ilumina en mi camino..que si bien no sera el mismo que tu seguiste..si veo como esa luz me trasmite pasión para llevar el barco a buen puerto…y poder seguir a otro. .y a otro por que creo que nunca hay que dejar de navegar..un abrazo.

  • Pascual dice:

    17 julio, 2017 a 1:56 pm

    ¡ Uf !, mucha luz en lo que transmites al escribir. Bombilla de luz que despierta otra bombilla al observarla y, por cierto, la película “La Leyenda de Bagger Vance” ha sido una de las que más me han tocado interiormente. Mientras la veía parecía que el tiempo se paraba. Después de verla, mientras la recordaba en el silencio, los aleteos de cada frase producían unos acordes maravillosos de emociones.

    ¿Para cuando un libro?

    • Borja Ruiz dice:

      30 enero, 2018 a 10:33 am

      Pascual, buenas! Muchas gracias por tus comentarios. Lo del libro son palabras mayores, jeje. Un abrazo, Borja.

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