¿Qué hacer para poder cambiar?

¿Qué hacer para poder cambiar?

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“Un viaje de miles de kilómetros comienza con un solo paso…”

Como continuación del anterior post, hoy me gustaría profundizar en una de las estrategias que pueden facilitar el arduo e intrincado camino del cambio, que es cómo dirigir a nuestro Jinete, o dicho de otra manera, cómo ayudar para despejar el ruido y aportar un poco de claridad a nuestra parte más racional del cerebro, de acuerdo con la tesis de los hermanos Heath, en su libro Cambia el chip.

Por hacer un breve resumen, decíamos que para lograr que un cambio pueda consolidarse hace falta, entre otras muchas cosas, dirigir al Jinete, motivar al Elefante y allanar el Camino, esto es:

  • Facilitar una dirección clara a nuestra parte racional del cerebro.
  • Movilizar nuestra parte emocional.
  • Trabajar el entorno en el que nos tenemos que mover.

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Pues bien, en esta entrada nos vamos a centrar a cómo dirigir dirigir a nuestro Jinete, así que, aquí van algunas ideas:

1.- Identificar las excepciones

Casi siempre que trabajo con equipos, me gusta invertir tiempo en uno de los aspectos que considero esenciales para su buen funcionamiento, y es facilitar un espacio para construir confianza entre sus miembros. Parece algo obvio, pero sin embargo, según mi experiencia, no lo es tanto, ya que la vorágine de acontecimientos, obligaciones y tareas no ayuda a que esto sea así.

Algo tan sencillo pero potente, como dedicar parte de una jornada de trabajo con ellos a que expongan uno a uno lo que cada uno ve positivo en el otro, a través de dinámicas diseñadas a tal fin, crea un marco relacional adecuado para poder abordar áreas mucho más complejas y desagradables (aunque fundamentales) para el correcto “funcionamiento” del equipo y sus miembros.

Solemos estar entrenados en ver los aspectos negativos de los demás. No sé porqué pero nos es más fácil centrarnos en lo que los compañeros hacen mal, (y no dudamos en airearlo en cuanto tenemos oportunidad), que centrarnos en lo positivo, en lo que los demás hacen bien.

Esto es precisamente a lo que se refieren los hermanos Heath en su libro cuando hablan de identificar excepciones (positivas): analizar a la hora de abordar una situación qué es lo que está funcionando bien, para poder ofrecer un foco de atención que pueda iluminar la hoja de ruta para la acción y hacer nacer la esperanza de que el cambio es posible.

El Jinete tiene un punto débil terrible, ya que le gusta contemplar y analizar, y, para empeorar todavía más las cosas, casi siempre dirige su análisis a los problemas y no a las excepciones. Dicho de manera clara y directa: normalmente nos centramos más en lo que no funciona, en lugar de poner atención de en lo que funciona. Cuando el Jinete ve que las cosas van bien, no piensa demasiado en ellas y empieza a aplicar sus habilidades para la resolución de problemas.

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Desde mi modesta experiencia con el trabajo con equipos, poner el foco en lo que funciona, en los aspectos positivos, virtudes y cualidades de cada uno de los miembros suelte acarrear como consecuencia una mejora clara en uno de los aspectos más imla confianza. Y ésta es el pegamento que crea el vínculo, es eso que ayuda a que dentro del equipo se maneje información lo más abierta, clara y transparente posible, a través de un doble intercambio:

  • Que cada uno se exponga tal cual es, compartiendo aquellos aspectos no tan explícitos con los demás (llámense miedos, inseguridades, molestias, debilidades, e incluso fortalezas, motivaciones y aspectos personales).
  • Que los demás puedan compartir con cada uno de los compañeros del equipo aspectos que desconocen, o no son conscientes de ello, a través del famoso proceso de feedback.

Sin este tipo de intercambio, difícilmente puede funcionar correctamente un equipo de trabajo.

2.- Describir los movimientos críticos.

¿Cuántas veces cuándo vamos a un restaurante en cuya carta existen una multitud de opciones, nos cuesta un montón elegir el plato?

O cuando íbamos al vídeo club a alquilar una peli: entrabas, ibas directamente al estante de las novedades, cogías una o varias, luego dabas un paseíllo y encontrabas alguna otra opción que podía ser mejor que la anterior, la cogías, devolvías la otra, pero cuando la ibas a dejar te decías a ti mismo… “ostras esta me apetecía un montón” , y empezabas a dudar de si esa era una buena opción o no… y así podías pasarte un buen rato hasta dar con la peli que te llevabas a casa. ¿Te resulta familiar?

Este mecanismo lo han bautizado los expertos en psicología social con el término “la parálisis por el análisis”: más opciones, incluso buenas, pueden paralizarnos y hacer que optemos por el plan por defecto. Te sientes más cómodo y más tranquilo cuando tienes menos opciones.

Para evitar tanta opción, y que nuestro Jinete quede paralizado por este fenómeno de “parálisis por el análisis”, a la hora de plantear un cambio, tenemos que ofrecerle una ruta clara, sin ambigüedades, con información precisa, concreta y detallada que ayude a identificar que estamos pisando el terreno adecuado. De lo contrario, si el camino es incierto, el Elefante insistirá en tomar el camino conocido, el familiar, con lo que cualquier iniciativa de cambio quedará truncada ipso facto.

Así pues, la ambigüedad es el enemigo. Cualquier cambio exitoso requiere la traducción de objetivos ambiguos en comportamientos concretos. De nada nos sirve trabajar en la mejora de la comunicación dentro del equipo, si no hemos identificado los comportamientos concretos relacionados con la comunicación que hay que abordar.

Pero no es necesario describir todos y cada uno de los comportamientos los movimientos, puesto que esto sería como pretender anticipar el movimiento 17 en una partida de ajedrez. Lo esencial es identificar los comportamientos más importantes (el famoso “core” del que hablan los anglosajones). Esto es, ni más ni menos, describir los movimientos críticos.

 

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3.- Apuntar al destino.

Recuerdo hace unos años cuando hice la formación en PNL (Programación Neuro Lingüística), que utilizábamos en casi todas las técnicas que practicábamos en clase, la visualización, una herramienta muy interesante.

Que ¿qué es la visualización? Es la proyección mental de un resultado, una especie de ejercicio de imaginación del momento exacto en el que has conseguido tu objetivo, conectando con todas las imágenes de ese futuro, todos los sonidos y todas las sensaciones construyendo en tu cabeza una especie de “como si” realmente estuvieras ahí.

Las posibilidades de alcanzar el resultado deseado aumentan ostensiblemente cuando se ensayan mentalmente todos y cada uno de los aspectos y sensaciones relacionadas con él. Esta proyección mental del éxito cuanto más real, tangible, y visible sea, más atractivo y movilizador resulta.

Además la visualización detallada activa los mismos circuitos neuronales que se ponen en funcionamiento cuando estamos realmente implicados en la actividad en cuestión, disminuyendo la tensión y haciéndonos sentir en nuestra “zona cómoda” a la hora de la ejecución real. Nuestro cerebro no distingue si las imágenes que estamos proporcionando a través de la visualización son reales o no. Simplemente quedan registradas, de tal forma que cuando estamos experimentando la situación en la realidad, es como si ya hubiéramos estado ahí, con lo que es terreno conocido, y nuestro Elefante no se sentirá intimidado.

Esto es ofrecer a nuestro Jinete una postal de destino. Cuando describes un destino atractivo, estás ayudando a corregir una de las mayores debilidades del Jinete, que es la tendencia a perderse en el análisis.

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Así pues, identificar excepciones, describir los movimientos críticos y apuntar al destino son algunas pistas que pueden ayudarnos a dirigir nuestro Jinete, como primera estrategia para lograr un cambio.

Seguimos

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