La Falacia del Nirvana

La Falacia del Nirvana

«Cuando llegue la inspiración… que me encuentre trabajando»

Tras el parón veraniego, vuelvo por aquí… He de reconocer que me ha costado bastante ponerme al tajo de nuevo, ya que no sabía muy bien por dónde empezar, pero de eso se trata, de empezar y ya veremos. Ayer precisamente lo hablaba con Marta Beltrán, una compañera que tiene un blog magnífico (www.encoherencia.com): basta con ponerse una fecha límite para sacar un artículo, que seguro que la inspiración aparece.

Esta reflexión me ha hecho conectar con una cosa que me suele pasar con bastante frecuencia. A ver cómo lo explico: me considero una persona bastante perfeccionista. Me encanta cuidar al máximo los detalles en todo lo que hago, tanto a nivel personal, como a nivel profesional. Esto tiene mucho que ver con mi perfil, el de un autoexigente redomado… (que tiene sus raíces en mi infancia, como no podía ser de otra forma…). Y como muchas cosas de esta vida, tiene su parte positiva, pero también tiene su parte negativa, relacionada ésta última con el ansia de buscar la perfección. Y en ese proceso en el que me meto, no hay límites: siempre se puede hacer mejor, pero claro, a costa de un consumo de energía muy cañero.

Y para dar con la perfección, has de buscar, perseguir y encontrar unas condiciones muy concretas. No te vale cualquiera, no. Y claro, si tengo que esperar a que las condiciones sean las adecuadas como para poner en marcha en proceso, pues ya puedo esperar sentado, ya… Como consecuencia de ello, muchas veces me quedo pensando en cuándo aparecerán esas ansiadas y codiciadas condiciones, y pasan las horas, los días, y hasta las semanas, y no saco las cosas que quiero sacar… Y me siento culpable por no haber sido capaz, y me machaco, hasta que me doy cuenta (sólo a veces), y trato de ser un poco indulgente conmigo mismo, porque como he dicho antes, ese señor cascarrabias que me tragué en un momento de mi vida y hace que saque mi yo exigente, tiene una facilidad pasmosa para sacar el látigo y fustigarme con su odiosa verborrea culpabilizadora.

Qué complicado, no?

Precisamente el otro día me pasó algo de esto que acabo de contar. Estaba yo en la playa con mis hijos, y cogí la tabla de surf, que hacía tiempo (años) que no pillaba, ya que había olitas y me apetecía practicar con ellos. Me lo pasé pipa, hasta el punto que en un momento determinado me quedé yo solo pillando olas un poco más lejos de la orilla.

Mientras esperaba a que viniera «la serie» (las olas más grandes), activé de manera inconsciente todo un ritual digno de mención: te quedas sentado en la tabla de cara al mar (y de espaldas a la orilla), y observas cómo se van formando determinadas líneas que vienen desde el fondo, y cómo se van acercando poco a poco, cual solemne procesión, al lugar en el que estás. Progresivamente las líneas van cogiendo forma hasta convertirse en olas. Una de las características de «La Serie”, es precisamente eso, que es una serie, que no viene una sola ola aislada sino que aparecen en grupos de 3, 4, 5 o más olas, una detrás de la otra, de manera sucesiva, y más o menos ordenadas.

El primer impulso que me sale de forma automática es esperar a la mejor ola de la serie, así que suelo descartar la primera, ya que la segunda o tercera suelen ser mejores. Y claro, mi ansia por pillar la mejor ola, muchas veces me deja con la miel en los labios: haber dejado escapar una buena ola, por querer pillar la mejor, y encontrarme de nuevo sentado en la tabla esperando a que aparezca la ola perfecta, que claro está, no existe. Comportamientos como éste podrían conducir a situaciones ridículas:poder pasarme horas sentadito en mi tabla sin haber cogido ni una sola ola.

Pues sí señor: lo mejor, es enemigo de lo bueno… Mi ansia por buscar la excelencia, deja a un lado la eficiencia… En algún lugar leí que a esto se le conoce como la Falacia del Nirvana, que es el error lógico de comparar cosas reales con cosas irreales o alternativas idealizadas.

Con un posicionamiento de este estilo, se suele caer en un tremendo error: esperar las condiciones perfectas para dar un paso adelante, o en términos surferos, esperar a que llegue la mejor ola para ponerte a remar y ponerte de pie encima de la tabla, y surfear…

¿Qué por qué? Porque pierdes la oportunidad de vivir una experiencia, de aprender, y por qué no, de disfrutar como un enano, olvidándote de todo, estando solos tú, la ola y la tabla en una perfecta simbiosis que dura unos segundos..

Como dijo Picasso (y no puedo estar más de acuerdo con él): “Que la inspiración me pille trabajando”. Creo que desde la acción, desde la actividad, desde la prueba ensayo-error es más fácil que aparezca  la inspiración. Esto es precisamente lo que me ha pasado con el artículo de hoy. La acción pone en marcha un mecanismo que hace despertar “el espíritu”… que todos tenemos dentro. Sólo hay que despertarlo. Ya sabes cómo…

@borjaruizg

Si te ha gustado el artículo, comparte!

Sin comentarios

Deja una respuesta

Nunca publicaremos ni compartiremos con otros tu e-mail. Los campos requeridos están marcados *