¿Has probado a cambiar de gafas?

¿Has probado a cambiar de gafas?

El año pasado terminé una formación en coaching sistémico y constelaciones organizacionales con Guillermo Echegaray (Geiser Works) que me ayudó a darle una vuelta a mi labor profesional como coach, formador y facilitador.

Hubo una cosa, que hizo un click dentro de mí… Como si se hubiera abierto una nueva puerta que accede a una estancia hasta ahora por mí desconocida. El asunto en cuestión era referente a la labor de facilitador sistémico, y al rol que se desempeña cuando hay que hacer un trabajo sistémico. Me acuerdo perfectamente de la situación: era una intervención grupal, en la que varias personas estaban ubicadas espacialmente con relación a un “foco” (un asunto), y donde había una persona que hacía de “facilitador”, y tenía que “guiar” el proceso y hacer lectura de lo que estaba sucediendo… La persona se quedó en blanco, sin saber muy bien qué pasos dar a continuación y buscaba con su mirada una ayuda, un faro, un sostén… y Guillermo, sin inmutarse lo más mínimo, soltó una aparentemente inofensiva frase que abrió todo un mundo de nuevas posibilidades hasta ahora inexplorado por mí.

La frase en cuestión era algo así: “Lo importante, cuando estáis guiando un trabajo de este tipo, es no impedir que emerja lo que quiere emerger, que aflore lo que es, lo que está. Estáis acostumbrados a hacer, y esto tiene mucho más que ver con un no hacer que con un hacer… Confíad en el proceso… pero de verdad. Soltad el control…”

En aquel momento, creía que había pasado desapercibida, pero no… Esa frase se ancló en mi interior, cual semilla que quiere germinar, y poco a poco fue desarrollándose, y creciendo, hasta convertirse en un nuevo paradigma, una nueva manera de percibir, entender y experimentar mi labor profesional.

Algo así como la sensación esa que tienes cuando, ignorante de tu miopía, te pones por primera vez las gafas graduadas, y descubres todo un mundo nuevo a tu alrededor, que antes, no es que no existiera, sino que sencillamente no lo veías, dada tu condición de miope… Por cierto, llevo una temporadita fastidiado con las lentillas y las gafas, ¿querrá esto decir algo?… Uff, no sigo por aquí que me disperso y ahora solo me falta alimentar mi neurosis, jeje.

Bueno, al tajo: decía que el no hacer, como “actitud” profesional fue como un shock para mí. Yo, acostumbrado a buscar y poner en práctica herramientas, a modo de libro de instrucciones que me indicaran todos los pasos que había que seguir desde la A a la Z, y que me dieran seguridad para poder para poder intervenir profesionalmente en determinados contextos, estaba escuchando algo totalmente revolucionario. Algo así, como olvidarme de las herramientas, olvidarme del hacer, y permitir desde mi posición que sea lo que tiene que ser, lo que ES, y sobre todo… aceptarlo.

Me di cuenta de que ese no hacer, esa “aparente ausencia”, requiere una presencia brutal. Algo así como un desdoblamiento de mí mismo, en el que una parte se conecta al contexto en el que está interviniendo, o como se dice en términos sistémicos, al “campo” y la otra se mantiene conectada a mí. Es dejar en suspenso el ego que insiste en controlar, construir y “manipular” la situación para la satisfacción de sus propias necesidades, coincidan o no con las de la persona o personas que tienes enfrente. Es invertir en la relación, en la co-construcción del vínculo junto con el cliente, y diseñar conjuntamente las reglas de juego. Es poner el foco en el proceso, y no en el resultado. Es aceptar que lo que “sale” no te pertenece…

Ahora bien, como todo proceso de cambio, requiere un tiempo. Y al hilo de esto, hace poco leí en un libro el modelo de las 3 etapas del cambio de Kurt Lewin y que podría resume así:

1.- Descongelación: Me encanta la palabra, y yo lo entiendo algo así como que la coraza de hielo que protege mi paradigma, las gafas con las que veo las cosas, empieza a derretirse, como consecuencia de la aproximación de una fuente de calor, que es activada por una serie de fuerzas, y que me hace ser consciente de la necesidad de cambio, de que las gafas que llevo están mal graduadas.

2.- Movimiento: Una vez descongelado el hielo protector, me doy cuenta de que necesito unas gafas nuevas, y empiezo a buscarlas para ampliar mi visión que ha quedado desfasada o limitada con el uso de las anteriores. Es el momento de la “reestructuración cognoscitiva”.

3.- Congelación: Encuentro las nuevas gafas, me las pongo, y me acostumbro a llevarlas, y las fuerzas que han desatado el calor, se escabullen, provocando, por tanto un nuevo proceso de congelación, un “asentamiento” o una estabilización en el proceso.

Yo me encuentro en la fase de movimiento, en el proceso de búsqueda, a través de la experimentación, de esas gafas que me ajusten. Y en ese proceso, soy consciente de que en esto, como en muchas otras cosas, hay una palabra clave: EQUILIBRIO… Habrá situaciones que requieran que ocupe la posición que he descrito de “facilitador sistémico” (con esto no quiero decir que el único rol del facilitador sistémico sea ese); habrá otras que requieran de estructura, orden, lógica, racionalidad, contención, y hasta el uso de herramientas que busquen provocar de manera artificial determinadas interacciones, situaciones, o dinámicas con una finalidad muy concreta, y también habrá otras que requieran una combinación de las dos anteriores…

Esto cada día me gusta más…

Mientras tanto, seguiré buscando mi “swing”, el “auténtico swing”.

 

@borjaruizg                                                                                                                                                                                             +BorjaRuizGallego

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